
Soledad
¿Y como perdurar sin compañía?
De esas que te llevan la vida.
Haciendo esfuerzos de no pensar
o tal vez acostumbrándose a la soledad.
Que feas palabras: ¡acostumbrarse a la soledad!
Desde el lugar en que me estés leyendo
vas a sentir ese frío por vivirlo,
haberlo vivido o simplemente pensarlo.
Tan pocas palabras son tan dolorosas,
tan hirientes en lo profundo del alma.
Podremos revestirlas de libertad
plenitud, overol o excesos.
Nunca antes tantas mentiras juntas
se posaron sobre ella.
Es que en tercera persona es sólo
sencilla, humilde, y hasta celebrada.
Al estar con ella lo blanco de los sueños
ven la oscuridad opacándonos el renacer
tan caprichosa, tan afligida, tan expectante
Tan sola…
De esas que te llevan la vida.
Haciendo esfuerzos de no pensar
o tal vez acostumbrándose a la soledad.
Que feas palabras: ¡acostumbrarse a la soledad!
Desde el lugar en que me estés leyendo
vas a sentir ese frío por vivirlo,
haberlo vivido o simplemente pensarlo.
Tan pocas palabras son tan dolorosas,
tan hirientes en lo profundo del alma.
Podremos revestirlas de libertad
plenitud, overol o excesos.
Nunca antes tantas mentiras juntas
se posaron sobre ella.
Es que en tercera persona es sólo
sencilla, humilde, y hasta celebrada.
Al estar con ella lo blanco de los sueños
ven la oscuridad opacándonos el renacer
tan caprichosa, tan afligida, tan expectante
Tan sola…
Diego Robert Sellanes














