miércoles, 26 de septiembre de 2007

Soledad


Soledad


¿Y como perdurar sin compañía?
De esas que te llevan la vida.
Haciendo esfuerzos de no pensar
o tal vez acostumbrándose a la soledad.

Que feas palabras: ¡acostumbrarse a la soledad!
Desde el lugar en que me estés leyendo
vas a sentir ese frío por vivirlo,
haberlo vivido o simplemente pensarlo.

Tan pocas palabras son tan dolorosas,
tan hirientes en lo profundo del alma.
Podremos revestirlas de libertad
plenitud, overol o excesos.

Nunca antes tantas mentiras juntas
se posaron sobre ella.
Es que en tercera persona es sólo
sencilla, humilde, y hasta celebrada.

Al estar con ella lo blanco de los sueños
ven la oscuridad opacándonos el renacer
tan caprichosa, tan afligida, tan expectante

Tan sola…


Diego Robert Sellanes


lunes, 3 de septiembre de 2007

Simple





Y cuánto pesa llegar a casa
y no tener un "cómo te fue" en el oído,
unos masajes en la nuca
y un abrazo compartido…


Una mirada sin decir nada,
unas piernas de almohada,
unos besos en la mano
y simplicidad en los actos

Algún día será pecado
dar un manual de amor
en tan escasas palabras
llenas de verdad

Otros dirán sencillamente
que es la solución a la soledad,
tan pequeñas cosas
que acaban por suicidarme en la cama.





Diego Robert Sellanes

sábado, 7 de julio de 2007

Mi castillo de papel


Naciendo el horizonte
que yace de la especulación,
sensata de márgenes
que oscilan la imaginación.

Caricaturas baratas
vendiendo su propio color,
que lame la franqueza,
que bordea el pudor…

La historia terrible
se vuelve a repetir
cuando con los meses
el recuerdo no puede morir.

Gases lacrimógenos
en la catedral.
Del vidrio tenso
que busca explotar.

Masticados por el destino
que hoy retuerce mi pescuezo,
con la calidez de saber
que hoy llueve como ayer.

Y un viaje sin fin probaré
a las columnas trastabillantes
que se mueven derrumbando
mi pobre castillo de papel.

La historia terrible
se vuelve a repetir
cuando con los meses
el recuerdo no puede morir.

Crece desmotivado
mi vuelo desorientado,
por una idea que a mi cabeza
volvió de repente cuando crucé.

Que ni cinco gauchas
podrán intentar robar
solo por las hilachas
de esta fina soledad.


Carcomiendo mi mente
resbalando al primer escalón,
señuelo de alambre
atrapa de lleno a mi pasión.



Diego Robert Sellanes

martes, 3 de julio de 2007

Desolado



Sentado sin saber que hacer,
esperando no sé qué amanecer.
Contemplando la osadía
del silencio inquieto,
que se desparrama por el cuarto
amordazando a mi esqueleto.

¿Para quienes soy alguien?
Si estoy tan sólo,
tirado, desmoronado,
sin nadie a quien querer.
Peleando con la paciencia
y el recuerdo que habita en mi ser.

Mañana será diferente
cuando de vuelta no te encuentre.
Y sonrías sin mirarme
estremeciéndome culpable.

Dirás, diré,
que soy nadie sin vos.
¿Nunca entendés
que me estás rompiendo el corazón?

Sin compasión te movés
cuando respirás asustada.
Una doncella te crees
frente a mi alma perplejada

Abatido, abollado,
absorbido y abandonado.
Abriendo abanicos
de cartas quemadas,
abominable diccionario
de mis experiencias amargas.

Trato de abrir la ventana
que me lleve a otro mañana,
lejos, muy lejos en el frío,
donde no quemen tus pestañas.

Dirás, diré,
que soy nadie sin vos.
¿Nunca entendés
que me estás rompiendo el corazón?

¿Y el de arriba me dará otra vida
para tratar de olvidarte?
Aunque en la próxima no quiera
de vuelta volveré a soñarte.



Diego Robert Sellanes

lunes, 2 de julio de 2007

Nos atrapó la rutina




Era ya demasiado
como para seguir estirándolo.
Era ya rutina
como para decidir ir cortándolo.

Siempre había un “no te vayas”
escondido tras la esquina,
y un cambio final prometido
luego de cada despedida.

El momento de estar juntos
eran solo peleas absurdas,
y sinceramente, sintiéndolo
¿como querés que no nos aburran?

Sé que es difícil ver en la noche
la luna sin que estés vos.
Pero como duele mirarte
si en tus ojos no puedo ver amor.

Ayer te crucé en el bar
y un dolor se me cruzó en el alma.
Seguís siendo ese mar
que a mi velero no lleva calma.

Fui tan feliz, y te viví con tanta pasión
como un perro solitario leal.
Y aunque todavía sueño con vos,
sé que nuestro presente ya no es real.

Y en algún sentido todavía me pesa
acarrear esta soledad.
Te pido disculpas si algo me faltó dar
pero sabemos faltó mucho para ser un amor de verdad.



Diego Robert Sellanes

martes, 24 de abril de 2007

Explicación de un poema (hablándole a la musa)


A veces uno cambia las situaciones,

y deja en un ser, una cara,

un instante, un momento o la vida misma

sensaciones que a veces no son ciertas.


Pido disculpas de llamarte amor

cuando no existe nada entre los dos,

aunque asi lo desee...


Sé que no sabrás comprender

que por una noche de tu presencia

cautive mi almohada

con tu imagen en mis sueños.


Y el hecho de volver a encontrarte solo es cuestión de fe,

esa fe que se desvanece en cada día al no verte,

y la ditancia nos podrá jugar una mala pasada,

me mirará diferente,

aunque ni la fe ni la distancias comprendan

que mi ser daría lo que no tengo por tenerte.




Diego Robert Sellanes

martes, 10 de abril de 2007

Tus secretos bien guardados


Sueles pertenecer
a un status ideal.
Me conmueves con esa
intrínseca mirada.

Tanta moral,
tanta verdad,
tantos versos
para tu soledad

Imagino tu habitación,
tus secretos bien guardados.
Mientras desafío
romper estos candados

Sueles pertenecer
a un status ideal.
Me conmueves con esa
intrínseca mirada.

Tu forma de mover,
tus dolores pasados,
tu caliente andar
y tus secretos bien guardados

Tanta moral,
tanta verdad,
tantos versos
para tu soledad.



Diego Robert Sellanes

Sólo verte de nuevo


En cada momento
en el que estás tú,
mi ser se siente volar.
Tú me vas a acompañar
cuando vea los días pasar.
Tú me vas a acompañar
cuando mi latir llegue al final.
A veces me obligo
frenarme un poco
y verte respirar...

Para tu ángel adorar,
tu bendición yo quiero.
Que mi ritmo hagas agitar
y que me brindes tu corazón entero.

Por ti llegué a rezar,
tú eres mi credo.
En cada despedida suplico
sólo verte de nuevo.

Aunque me cueste la vida
e incrédula me veas llorar,
sos lo que siempre quise,
no me hagas callar.

Aunque me mires sonrojada,
te quiero hacer sentir
todo lo que te aprecio
antes de partir

Para tu ángel adorar
tu bendición yo quiero.
Que mi ritmo hagas agitar
y que me brindes tu corazón entero.

Por ti llegué a rezar,
tú eres mi credo.
En cada despedida suplico
sólo verte de nuevo.

No tengas miedo
de brindarme tu piel,
por todo lo que di,
sabrás, jamás seré infiel.

Dulce jazmín perfumada,
los hoy y las mañanas.
No paro de no creer
lo que veo bajo esas pestañas

Por ti llegué a rezar,
tú eres mi credo.
En cada despedida suplico
sólo verte de nuevo.



Diego Robert Sellanes

Cruel


Cae la tormenta
sobre mis pestañas.
Tus labios manejás
pero a este ser ya no engañás.

Con whisky, con pastillas
con pala o con vos,
no sé como manejarme mejor.

Mis galgos quedaron huérfanos
y mi canilla cerrada.

Saboreándote
reconozco que
podés llegar
a ser cruel...

Cruel, cruel,
como mi antes de ayer.
Cruel, cruel,
como una cascabel.
Cruel, cruel,
como una bala en mi piel.

Masco ira
de tu placer cotidiano.
Sueño salvaje
de ver tus ojos temprano.

Viendo esa ginebra
imagino tu cara...

Te imagino en mi cuarto
toda desparramada,
ladrando de placer
y con mis ansias agotadas.

Pero al saborearte
comprendo que eres cruel...

Cruel, cruel,
como mi antes de ayer.
Cruel, cruel,
como una cascabel.
Cruel, cruel,
como una bala en mi piel.

Mi fe respira
en tus cabellos castaños,
esperando durar en ti
más de cuatrocientos años.

Diego Robert Sellanes

jueves, 8 de marzo de 2007

Creciendo


¿Muy joven para querer?
¿Muy raro para entender?
¿Muy sordo para escuchar
lo que siento para amar?

Esta dulce espera
creciendo para vos.
Crezco y envejecés
para siempre y un día más.

No puedo levantar esta barrera
rebalsada de tus principios.

Creciendo espero
un mañana diferente.
Junto a mi cama
y que este fuego se encienda.

Las horas volando,
mi luz pasando.

De mi cabeza no te puedo sacar
y recostada decís:

“Muy joven para querer,
muy raro para entender,
muy sordo para escuchar
lo que sentís para amar”

Creciendo muero
un día diferente.
Junto a mi cama
que este fuego se encienda.

Llama que estás ahí,
no la dejes pasar,
contágiale mi frenesí
y a esta vida hazla rodar.

En mi vida ya estás
y mojada me herís:

“Muy joven para querer,
muy raro para entender,
muy sordo para escuchar
lo que sentís para apreciar”

Apreciarte la vida entera quiero,
que este fuego sople
como el viento Pampero.
Que estas agallas revienten,
que este sol se funda
y que esta noche se encienda.
No creyendo crecer
y que el mañana te pierda.


Diego Robert Sellanes

miércoles, 7 de marzo de 2007

Ten cuidado (el día que vendas tu vanidad)


Ahora estás atada
¿acaso yo no pienso?
¿quién pone los límites?
Soy como tú, no lo siento.

Cuando te agarre
te ayudaré a pensar.
No sirve de nada arrancar.

Yo también fui viejo,
verás que es muy fácil ser tonto.
Sólo querés asustar,
pero con golpes no vas
a convencer a la gente,
ni siquiera
llegarás a discernir.

Está debajo de la arena,
¿encontrás eso muy raro?
Nunca lo viste así.
Ven, busquemos ayuda:
“volvé a tu casa”,
¿porqué me mirás así?

No lo puedo encontrar,
tal vez está en la cocina,
¿seguimos?
Di por favor...

Es como el arte,
este ambiente es terrible.
Los que no fueron invitados
que se vayan.

Tú, tus mapas y tus libros,
huyes de todo fingiendo:
“¡que linda blusa para vos!”

No sé si recibiste mis mensajes,
de todos modos no estamos apurados.
Traté de detenerte
y mostrarte lo correcto,
pero no necesitarás ésto.

Disculpen que no lo pueda hacer,
la vejez me está volviendo estúpido,
llena de vida.

De pronto llega una oportunidad.
Un día vendes jamón
y al otro tu vanidad.

Diego Robert Sellanes

miércoles, 28 de febrero de 2007

Trotamundo de bolsillos rotos


Dejás tu puerto atrás
marginando tu prescencia.
Te fijás en los bolsillos
y estás falto de solvencia.

Tu cabeza de aquí
hacia allá.
Subís esa plaza
en medio de La Haya.

No razonás,
no comprendés.
Te enrroscás,
te ensordecés.

Esa alfombra azul
y tu cuello frío.
Pensás en Montevideo
y te embarcás en otro río.

Trotamundo de bolsillos rotos,
sueño profundo de algunos pocos.
Tu viaje ya termina
como el otoño en esa esquina.

Inventá tus pasos
caminante al llover.
Huraño contagiado
del abismo del ayer.


Diego Robert Sellanes

Vida Medieval


Y era verdad,
ni su escalofriante disfraz.
Es hipnótica,
veo sus ojos tristes en la inmensidad.

Vuelve vida medieval
con sus ojos tristes y su disfraz.
Me haces agua
en la oscuridad.

Látigos de fuego
sobre mi espalda,
afilan mi ruego
y atraviesan mi garganta.

Vuelve vida medieval
Con sus ojos tristes y su disfraz.

Cúbreme con tu llanto
en la multitud de la frialdad
y déjame tu encanto
a la orilla de la ciudad.

Vuelve vida medieval
con su ojos lejanos y su disfraz.


Diego Robert Sellanes

martes, 27 de febrero de 2007

No perdés y abandonás


El sol yace
posado en el horizonte.
Ves caer ángeles
a plena luz.
El edificio se desmorona
y vos encerrado
en ese ascensor.
Con los ojos cerrados escapás,
pero al abrirlos no avanzás.
No corrés y transpirás,
no perdés y abandonás.
El sol está más cerca,
pero tu vida se nubla.
Estás sumergido en la gresca
pero pensás estar en la espuma.
Tu vida ya no es más
vida tuya, sino de los demás.
Un caño parte tu cabeza
y un papel te envuelve.
Observás esa princesa
pero ya nada te conmueve.


Diego Robert Sellanes

En la vereda de enfrente


Caminando por la vereda de enfrente
voy viendo cosas;
cosas que me agradan.
Veo tu casa radiante como siempre.
Tu gente recordándote
y tus planes realizándose.
Sigo caminado
y por fin
siento la libertad en la brisa,
viéndome como un pájaro volar.
Veo jóvenes mis canas
y mis hijos despegar.
No estás más,
pero tu sombra
quedó en mi casa.
Me ilusiona recordar sentirte
con esa flor en el pecho,
marchitándose como mi vida,
que como vos ya no está.
Sigo caminando
y por fin
siento la libertad en la brisa,
viéndome como un pájaro volar.
Veo jóvenes mis canas,
ya no estoy más,
pero mi sombra quedó en mi casa.
Me alegra volver a verte
con esa flor en el pecho
creciendo como la primera vez.
Mis ojos se llenan de lágrimas
al ver que en el cielo
nuestro amor
vuelve a florecer.


Diego Robert Sellanes

Cuestión de Honor


Estoy sentado en esta silla
Y pienso en vos.
Pienso cuando vendrás,
tu futuro en mi pasado.
Y miro mis pies
y que hace ese árbol allá parado.

Mi cabeza sigue estando,
pero aquí mis uñas
no dicen nada.
Tu vicio en aquel espejo
y tu tez en ese cuadro.
Me mirás como si nada,
donde mi alma queda perplejada.

Tu ser está vivo.
Maldigo este lápiz,
mi sed secada
y mi voz callada.
También tus cosas
que como en una mesa
me parecen estar todas tiradas.

No, ni te pienses.
Cuestión de honor,
de tu honor,
volver aquí
con tu risa y tu matiz.

No me callo más,
mi brújula marca norte sur,
y ya me cansé de fumarte.
Y quedo con esta resaca;
resaca de saber que
al final no valías nada.


Diego Robert Sellanes